La contaminación «engorda»…
Jaime Prats contaba en El País, en marzo de 2012, que el CIBERobn, una red que agrupa a 24 grupos españoles de investigación en obesidad, había reunido en un compendio los estudios que relacionan ciertos compuestos químicos con el sobrepeso.
La idea es que algunas de estas sustancias actúan como disruptores endocrinos: imitan a las hormonas y alteran la forma en que el cuerpo acumula grasa. El reportaje distingue entre las persistentes, como el DDT, que se concentran en las grasas, y otras que se fijan menos pero a las que estamos expuestos a diario, como los ftalatos, los parabenes o el bisfenol A. Parte de las pruebas procede de animales: en los trabajos de Ángel Nadal, de la Universidad Miguel Hernández de Elche, ratas gestantes expuestas a bisfenol A desarrollaron diabetes gestacional, y sus crías también enfermaron.
Javier Salvador, investigador de la red, aclara que el documento no quiere ser alarmista y que estos contaminantes son solo una variable más, junto con la genética, el estrés, la alimentación, el ejercicio y la edad. La asociación de fabricantes PlasticsEurope lo rechaza: "No hay ningún vínculo demostrado entre el BFA y la obesidad", y considera que esos estudios no pueden extrapolarse a las personas.
El informe termina con un giro curioso: la relación iría en los dos sentidos, porque también se ha calculado que el sobrepeso aumenta las emisiones de CO2, aunque su peso es reducido frente a sectores como el transporte o la industria.
Fuente: Jaime Prats, El País, 20 de marzo de 2012. Artículo original.
Entrada publicada el 11 de abril de 2012 en el antiguo blog del Instituto de Microbiótica. Se conserva como archivo: refleja lo que se escribió en su momento y no constituye consejo médico.